domingo, 16 de junio de 2019

¿Hasta cuándo regalaremos nuestra electricidad a Brasil?

16 DE JUNIO DE 2019

| ‘LOS PARAGUAYOS TONTOS CREEN ... QUE TAMBIÉN ES DE PARAGUAY’

Brasil, propietario de facto de Itaipú

En teoría Itaipú fue concebido por las Altas Partes Contratantes en el Tratado de 1973, en igualdad de derechos y obligaciones, para aprovechar conjuntamente el potencial hidroeléctrico del condómino río Paraná. No obstante, nació nonato al consumarse la política brasileña de apropiación indebida del proyecto binacional.
La división “en partes iguales entre los dos países”, instituido en el Art. XIII del Tratado de Itaipú (objeto y fin del acuerdo), viró bruscamente al ser reconocido en el mismo artículo el derecho de adquisición “… de la energía que no sea utilizada por el otro país para su propio consumo”. Con esta artimaña diplomática, Brasil consiguió lo que siempre le fue esquivo por la fuerza: adueñarse de Itaipú.
Para que ocurra todo ello fue inevitable que los ecuánimes términos el Acta Final de Foz de Yguazú de 1966, que instalaba el precio justo por el excedente (exceptuando el “condominio” que hacía propietario al vecino país del Salto del Guairá, más la engañosa versión escrita en el considerando del Tratado sobre la “división en partes iguales … de la energía eléctrica eventualmente producida”), sean arrojadas en las alcantarillas.
En 1973, la energía instalada en Paraguay era apenas 230.000 kW o sea 230 MW. Ello significaba, que de los 12.600 MW de potencia a ser instalada en Itaipú, con 18 turbinas, podía aprovechar Paraguay solo una tercera parte de una máquina.
Siguiendo con el abuso, la energía cedida a Brasil sería incluida en su Costo del Servicio de Electricidad. Rebasando el desatino, por imposición del nefasto Tratado, Paraguay se compensaría a sí mismo.
Según comprobaciones del abogado Gustavo de Gásperi (+), a lo largo de su contexto, Itamaraty logró alterar el objeto y fin del Tratado de Itaipú de 1973. Por la manifiesta mala fe del socio condómino, el jurista se afanaba en demostrar la nulidad del contrato. El aprovechamiento conjunto era una ficción y Brasil se salía con la suya al legitimar la utilización unilateral del producto para abastecer a sus consumidores.
La manifiesta incompetencia del presidente general Alfredo Stroessner y la mala fe del Gobierno militar brasileño, consiguieron torcer a la medida de los intereses del Brasil el Tratado de Itaipú.
Los parlamentarios de entonces, aunque no todos, se sumaron al pillaje aprobando por la Ley Nº 389, del 17 de julio de 1973, el impresentable Tratado.
Persistiendo en el despojo, la NR Nº 7, rubricada en el mismo día de la firma del Tratado, 26 de abril de 1973, entregaba al Brasil las principales direcciones ejecutivas del ente: Dirección Financiera y Dirección Técnica. Estas direcciones, que de hecho gobiernan Itaipú, hacen letra muerta de la cogestión paritaria.
Tragedia nacional 
Una verdadera tragedia nacional, al consensuar un acuerdo tan perjudicial para los intereses del país, propició el Tratado de Itaipú de 1973. Señalaba el compatriota Miguel Carter, PhD en Ciencias Políticas, cuyo último trabajo sobre el despojo de Paraguay en Itaipú fue presentado a la opinión pública nacional el 8 de abril de 2019 “… entre 1985 y 2018, utilizando un promedio de cinco precios de mercado de Brasil (mayorista, de las grandes hidroeléctricas, equivalencias con el precio del petróleo, las tarifas industriales y el precio del mercado residencial) se puede concluir que Paraguay dejó de recibir US$ 75.400 millones con la cesión a Brasil de la energía que no utiliza; todo ello, a un precio excesivamente por debajo de los valores de mercado”.
El escándalo mayúsculo de todo esto, siguiendo el discurso de Carter, se puede percibir al calcular el costo de oportunidades para el país. Paraguay con el dinero birlado pudo duplicar el gasto público en salud y duplicado el gasto en educación. Con el sobrante, pudo modernizar la infraestructura de transporte, ampliar el uso de la electricidad, reducir la pobreza y paliar los conflictos de tierra.
La inconclusa obra de Itaipú y su puesta en funcionamiento –sin esclusa en el canal de navegación del río Paraná magnificando la mediterraneidad paraguaya– costó la friolera de US$ 78.862 millones (Datos de Itaipú. Pagado hasta el 2012, US$ 57.900 millones; a solventar según cronograma de pagos entre 2013-2023, US$ 20.962 millones). 
Negocio financiero 
Desde el 29 de diciembre de 1998, la Eletrobras cedió al Tesoro brasileño la deuda de Itaipú (Contrato 1480/97 de la Eletrobras con el Tesoro brasileño: US$ 10.250.481 millones al 7,5% de interés y con cuya capitalización en 2001 se incrementó en US$ 15.24.03.624) que terminará de honrarse en 2023. De hecho el Estado brasileño mudó a financista, con pingües beneficios a su tesoro, en detrimento de su condición de aportante como establece el Art. IX del Tratado.
En el emprendimiento binacional Paraguay aportó los Saltos del Guairá, la selva Atlántica y cerca de 600 Km cuadrado de su territorio (fueron desarraigados más de treinta pueblos guaraníes).
- Itaipú vende energía 
Oficialmente Itaipú dejó de comercializar potencia para vender energía desde el 2002. La RDE 145/02 del Directorio Ejecutivo y la RCA 020/02 del Consejo de Administración, deciden asociar la potencia disponible para la contratación a una energía llamada garantizada y a otra a la que denominaron energía adicional a la garantizada.
Oficialmente, desde entonces, sobra una energía que es producida sobre de los 75 millones de MWh de la energía garantizada. La energía garantizada representa el Costo Anual del Servicio de Electricidad.
Habría que añadir que el sobrante o energía adicional a la garantizada, que es muy barata, no se reparte en mitades –en abierta violación del Tratado– sino en proporción a la potencia que contrata tanto la ANDE como la Eletrobras.
Esta inequidad impide a la ANDE reducir la tarifa de la electricidad que trae de Itaipú y que últimamente llegó al colmo de aumentarlo. Nuestros representantes del Consejo de Administración y del Directorio, hasta ahora nada hacen para corregir este escandaloso reparto de la energía adicional que solo beneficia a la Eletrobras.
Comercializando energía, la binacional mata dos pájaros de un tiro: aparte de abaratar las tarifas de compra de la usina, Itaipú genera un lucro que es prohibido por el Tratado.
El lucro indebido 
El lucro o beneficio, camuflado como presuntos gastos sociales, son ilegales al no ser parte del Costo Anual del Servicio de Electricidad. Su aplicación no es controlada por los Estados. Entre los componentes del costo de electricidad –aparte de los pagos por royalties, resarcimientos, interés por capital y servicios de deudas– figura en lugar preponderante los gastos de explotación. En esos gastos están incluidos los resarcimientos (gastos sociales) para los damnificados, víctimas de la represa.
Por todo ello, la NR del 31 de marzo de 2005, que durante el Gobierno de Nicanor Duarte cambió ilegalmente la misión de Itaipú, carece de toda validez. Las “iniciativas de la Itaipú en el campo de la responsabilidad social y ambiental para constituirse en componentes permanentes de la actividad de generación de la energía” nunca fueron ratificadas por el Congreso. Los gastos “sociales y ambientales” que el ente realiza desde 1999 son irregulares y no pueden ser convalidados por un documento que cambia inconstitucionalmente el Art. III del Tratado de Itaipú. La binacional solo tiene la finalidad de “realizar el aprovechamiento hidroeléctrico” del río Paraná.
Los gastos sociales y ambientales estimados anualmente en más de US$ 100 millones, para ABC Color ( 7-IX-16) “… constituyen una importante ‘coima disfrazada’, inventada por los brasileños para ‘amansar’ a autoridades o consejeros que vayan a tener la idea de defender como corresponde los intereses del Paraguay en las binacionales. La distribución de esos recursos no puede estar disponible al antojo de consejeros que hasta podrían influir en el resultado de unas elecciones generales y comunales”.
Para verificar la legitimidad del cambio de la Misión Institucional de Itaipú, la CGR solicitó a la Cancillería por nota –CGR Nº 3366 del 16 de junio de 2009– que informe “... si la NR Nº 1 del 31 de marzo de 2005, por la que se constituyen en partes permanentes de la actividad de generación de energía, las iniciativas de responsabilidad social y ambiental desarrolladas por la Itaipú ..., ha sido remitida para su aprobación a la Honorable Cámara de Senadores. En caso afirmativo, se sirva remitir copia autenticada de los antecedentes de la misma”.
La contestación no hizo esperar y el 29 de junio de 2009, comunicaba el ministerio: “Al respecto cumplo en informar a Vuestra Excelencia que dicho Instrumento Internacional no fue remitido al Congreso ... para su tratamiento y aprobación parlamentaria, por lo tanto no existen antecedentes sobre la realización de dicho procedimiento”.
La revisión del Anexo “C” 
Básicamente serán examinados los contratos de abastecimiento (Paraguay hasta ahora consiguió en 2018 un máximo anual de unos 14 millones de MWh de los 46 millones de MWh hora probables); la cesión de energía (la cesión de la energía a la Eletrobras equivale a dos producciones anuales de Yacyretá, unos 35 millones de MWh anual, a una tarifa de US$ 9 el MWh, hora actualmente pagada por el consumidor brasileño).
La compensación por la cesión de energía no debe formar parte de los balances de Itaipú, nada tiene que ver con las erogaciones del Tesoro brasileño.
Los ingresos de Itaipú, por la comercialización de su producto, demandarán ajustes para establecer una nueva tarifa. En esa línea ¿seguirán invariables los gastos por royalties, resarcimientos por supervisión, s pagos por intereses de capital y los costos de los gastos de explotación? 
Después de 2023, abonada toda la deuda, la tarifa deberá reflejar un nuevo Costo del Servicio de Electricidad. Inevitablemente la tarifa de la central se reducirá en más del 62%, para bien de los consumidores, en ese contexto Paraguay dispondrá libremente de la mitad de la producción de Itaipú.
Ahora bien, ¿tendrá el país la capacidad de transportar todo o solo parte de la mitad de la producción? ¿Se continuará vendiendo el excedente, si lo hubiera, a tarifa irrisoria? Al respecto, con motivo de tramitarse el Ministerio de Energía en la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos de Diputados, ABC del día 13 de este mes publicaba que el Ing. Nelson Cristaldo aseveraba “que el ministerio llegará ‘a ser importante’ y tendrá sentido una vez que haya mercado eléctrico, donde varias empresas como Clyfsa, estén compitiendo”.
“Si solo va a ser un nexo entre la ANDE, Itaipú y Yacyretá, esto es un sinsentido, porque los representantes de estas instituciones son designados por el Poder Ejecutivo, y contactan con un simple telefonazo, y para eso no necesita de un ministerio”, advirtió. También dijo que si va a ser una secretaría de Estado encargada de las políticas para el rápido desarrollo del mercado y la industria eléctrica, entonces se puede decir que ese costo para la sociedad tiene “un sentido real”. Esas son las cuestiones a ser resueltas en el 2023.
Todo ello, con el agravante de tener como contendiente a un socio que hasta hoy nos demuestra que “solo los paraguayos tontos creen que Itaipú es también de Paraguay” (Jorge Samek, ex director general brasileño de Itaipú).

miércoles, 22 de mayo de 2019

Sigue la actitud entreguista en Itaipú

22 DE MAYO DE 2019

| POZZO INSTA AL GOBIERNO A DEFENDER CON PATRIOTISMO DERECHOS LEGÍTIMOS EN ITAIPÚ

Aseveran que sigue misma “actitud entreguista” en las binacionales

Continúa la misma “actitud entreguista” tanto en Itaipú como en Yacyretá, aseveró ayer el Gral. Juan A. Pozzo en la reunión quincenal de las comisiones de Entes Binacionales y de Minas y Energía, de Diputados.
Entre otros antecedentes que reflejan las sucesivas claudicaciones paraguayas, principalmente antes sus vecinos poderosos, el general (SR) Pozzo recordó que después de la Guerra contra la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay), los Saltos del Guairá continuaron en territorio paraguayo. Comentó que con el Tratado de paz y límites Loizaga-Cotegipe (1872), su ubicación tampoco varió “un ápice”, lo cual “está demostrado científicamente”.
Agregó que la controversia se instaló cuando el Brasil se dio cuenta del enorme potencial energético de los Saltos y que a partir del segundo trazado de límites (1927), los brasileños inventaron el Protocolo de 1930, con la finalidad de apropiarse de estos saltos por la “vía diplomática”. “Al no conseguirlo diplomáticamente, invadió territorio paraguayo en 1965 para quedarse con ellos”, rememoró.
Lamentó que ninguna de las pretensiones anteriores al régimen de Stroessner, que incluyen las ambiciones bolivianas sobre el Chaco paraguayo, fueron aceptadas por el Congreso nacional de aquellos días, “pero qué diferencia de actitud con el posterior Congreso, que aceptó todo del Brasil, por eso nos estamos plagueando aquí”, graficó.
Agregó que esta misma actitud se volvió a repetir en Yacyretá, donde se aceptó una ingente deuda, entre otras cosas. “O sea, se repite la historia, el entreguismo ha sido una constante en nuestro país últimamente. Parece que (los gobernantes) no se dan cuenta de que esto no le gusta a la gente y los jóvenes saben bien quiénes son los responsables de esta debacle”, aseveró.
Alertó que la gente “no va a permitir más esa actitud entreguista de la soberanía nacional”, sea cual fuere el Gobierno de turno, “el pueblo paraguayo está decidido y se va a oponer”. No obstante, acotó que se debe lograr que este tema se instale como causa nacional, tal como ocurrió con la defensa del Chaco, “sin arreos”.
Dijo que la defensa exitosa del Chaco fue posible, porque la gente entendió que el Paraguay tenía los títulos sobre su soberanía en la Región Occidental. “Nosotros también debemos defender nuestros derechos en Itaipú, pero uno se pregunta ¿por qué no prende como causa nacional?”, expresó.
Por otra parte señaló que Brasil ha incumplido todos los acuerdos suscritos con el Paraguay sobre el emprendimiento hidroeléctrico, comenzando por el Acta Final de Foz de Yguazú y el Tratado mismo, que –de hecho– nació torcido, fue y sigue siendo “muy favorable” para el vecino país, que siempre logró imponer sus intereses por su tamaño y poder.

domingo, 19 de mayo de 2019

Las mentiras de Brasil

19 DE MAYO DE 2019

| NEGOCIADORES QUE SE CONFORMAN CON MIGAJAS

Itaipú o la historia de la mendacidad brasileña

Itaipú, sin duda alguna, es la consecuencia lógica de un proceso cuyas fases más relevantes se gestaron en lado brasileño. Sus raíces más profundas se hunden inclusive hasta los tratados inmediatamente posteriores a la Guerra contra la Triple Alianza. Conversamos con el general Juan Antonio Pozo Moreno para conocer las aristas más pronunciadas de ese pasado pocas veces frecuentado por nuestros especialistas.
–La historia de Itaipú no comienza en 1973, porque sus raíces se hunden en el pasado, por ejemplo, en el Tratado Loizaga-Cotegipe ...
–Finalizada la Guerra del 70 y ocupado el país por tropas aliadas, el imperio brasileño trazó nuevos límites para despojar a la República del Paraguay de unos 62.000 kilómetros cuadrados de su territorio. En el Tratado de paz y límites Loizaga-Cotegipe, del 9 de enero de 1872, se pudo materializar la vieja aspiración imperial de apropiarse de los territorios situados entre los ríos Blanco y Apa y la región del Amambay. Carlos Loizaga, plenipotenciario paraguayo, no hizo más que aprobar el borrador de Juan Mauricio Wanderley, barón de Cotegipe. No obstante, el Salto del Guairá, histórica posesión de Paraguay, continuaba bajo soberanía paraguaya. Años después, otro hecho trastornaba al Paraguay. Mediante la praxis de la política de los hechos consumados, “Brasil no cejó en sus propósitos de traer a Bolivia al río Paraguay. Por el Tratado de Petrópolis, del 17 de noviembre de 1903, dispuso como propios de los terrenos situados al norte Bahía Negra hasta el Jaurú, históricamente paraguayos, para cederlos a Bolivia, y dentro de ellos la mitad de las lagunas Cáceres, Mandioré, Gaiba y Uberaba, que comunican con el río Paraguay, y donde pronto los bolivianos establecieron los puertos Suárez y Gaiba” (Efraím Cardozo. Los derechos de Paraguay sobre los Saltos de Guairá. El Lector. Reedición 2018. Colección Libro Blanco de la Ciudadanía)
–También debemos tener en cuenta en esta exploración a través de la historia de nuestro país el Tratado Complementario de 1927 y el Protocolo de 1930.
–El 21 de mayo de 1927 se firmó en Río de Janeiro el Tratado Complementario de paz y límites entre el ministro Plenipotenciario en Río de Janeiro Rogelio Ibarra y el canciller brasileño Octavio Mangabeira. En él se confirmaba que la frontera entre Paraguay y Brasil, desde el río Apa hasta Bahía Negra, es el río Paraguay. También se establecía la soberanía paraguaya sobre las islas del río epónimo.
Al respecto, el notable investigador Efraím Cardozo expresaba “… que el conocido historiador y diplomático Fulgencio R. Moreno reemplazó a Rogelio Ibarra en la Legación Paraguaya en Río de Janeiro. Le tocó firmar, juntamente con el canciller Mangabeira, el protocolo del 9 de mayo de 1930, por el cual se estipularon, conforme al artículo 3º del Tratado de 1927, instrucciones para la demarcación y caracterización de la frontera paraguayo-brasileña y no sólo en el tramo delineado por el Tratado Ibarra-Mangabeira, sino también en el determinado por el Tratado Loizaga-Cotegipe. Se concertó la constitución de una Comisión Mixta de límites y de caracterización de la frontera Paraguay-Brasil. Aunque su cometido principal se relacionaba con el levantamiento hidrográfico del río Paraguay para la determinación de la línea mediana del canal principal elegido como frontera por los artículos 1º y 2º del Tratado Complementario, le fueron atribuidas otras facultades de la mayor importancia”.
También afirmaba el Dr. Cardozo que “el protocolo Moreno-Mangabeira, emanado del Tratado Ibarra-Mangabeira, al ser cumplido sobre el terreno … fue ocasión para que el Brasil tratara de sacar el mayor provecho posible de los errores y omisiones de la caracterización de 1872 a 1874, tanto para consolidar sus adquisiciones como para intentar un nuevo despojo: apoderarse de los Saltos del Guairá. Porque si en la época del Tratado Loizaga-Cotegipe estos no le interesaron, ahora cobraban insospechada importancia, desde que la ciencia y la técnica descubrieron que eran fuente de incalculables riquezas, la reserva de energía más grande del mundo”. Pero Brasil iba por más. Itamaraty afirmaba por nota del 19 de setiembre de 1962 que, conforme al Preámbulo del Tratado de 1927, Brasil consagraba su derecho a la totalidad de los Saltos.
Ante tamaño desatino, explicaba Efraím Cardozo: “Si los signatarios del Tratado Ibarra-Mangabeira hubieran tenido el propósito de introducir innovaciones en el régimen de soberanía estatuido en el Tratado de 1872 con respecto de los Saltos, lo hubieran acordado en cualquiera de los cuatro artículos del Tratado complementario (no en el preámbulo). Y en ninguno de estos hay la menor referencia sobre los Saltos. Se limitan a trazar las fronteras sobre el río Paraguay, entre la desembocadura del río Apa y el desaguadero de la Bahía Negra. ¿Fue en el Preámbulo, entonces, como afirma el Brasil, donde se consignó la atribución de soberanía exclusiva sobre los Saltos?”.
Sin embargo, la caracterización hecha de la frontera común, conforme al Protocolo de 1930, ha llevado a la indiscutible conclusión de que los Saltos no están dentro de la exclusiva soberanía del Brasil.
–Debió esperarse, sin embargo, varios años para que se produjera en esta historia un giro de esa posición.
–Ante la imposibilidad jurídica de disponer discrecionalmente de un patrimonio ajeno y ante las protestas de Paraguay por el estudio unilateral de Brasil para la explotación energética del Salto de Guairá y en la convicción de que la fuente energética por excelencia provendría del río Alto Paraná, el presidente João Goulart, en inusual giro, cambió su decisión. En efecto, el 2 de septiembre de 1963 envió al Paraguay a su ministro de Energía y Minas, doctor Oliveira Brito, para explicar al Gobierno nacional “que ni una sola estaca se pondría en estas obras sin acuerdo pleno con Paraguay”.
Cuatro meses después, el 19 de enero del año 1964, según comunicado de la presidencia de la República del Paraguay, los presidentes de Paraguay y Brasil, en la hacienda “Tres Marías”, Mato Grosso del Sur, “acordaron suscribir un convenio para crear una Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña para estudiar los problemas … relacionados con la construcción de la gran obra que harán conjuntamente los dos Estados y que será la de mayor importancia entre todas las de su género hasta hoy emprendidas en todo el mundo”.
João Goulart era considerado un presidente progresista vinculado con la Unión Soviética, confederación que le ofreció financiar el proyecto hidroeléctrico. Dos años antes, en 1962, los misiles nucleares soviéticos que amenazaban desde Cuba a los Estados Unidos desataron una crisis que casi devino en la Tercera Guerra Mundial. Desde entonces, quedaba proscripta la ideología marxista en América. Se agregaba a ello la escalada norteamericana en Vietnam. En el escenario de la guerra fría, cualquier clase de vínculo con el marxismo atentaba contra la seguridad nacional de los Estados Unidos.
–No debe olvidarse que hubo ocupación militar brasileña ...
–En el contexto que acabamos de describir y en sintonía con la política exterior norteamericana, los militares brasileños derrocaron al presidente Goulart el 31 de marzo de 1964. El nuevo Gobierno militar –que se proyectó hasta el año 1985– desechó el acuerdo de “Tres Marías”. Sin mediar explicaciones, en junio del año 1965, tropas del Gobierno militar brasileño ocuparon Sagaraná (conocido por los brasileños como Puerto Renato), una pequeña localidad paraguaya aledaña al Salto del Guairá.
Coincidente con la invasión –para la apropiación indebida del Salto de Guairá– estaban presentes desde el 23 de mayo de 1965 en República Dominicana las Fuerzas Interamericanas de Paz movilizadas por disposición del Consejo Permanente de la OEA. Entre sus integrantes, comandado por el general brasileño Hugo Panasco Alvin, estaban tropas paraguayas al mando del coronel Roberto Cubas Barboza.
Mientras soldados brasileños y paraguayos operaban conjuntamente en Santo Domingo con sus similares de Estados Unidos, Honduras, Nicaragua y policías de Costa Rica, tropas brasileñas ocupaban territorio paraguayo.
Cabe destacar que la guerra civil dominicana de abril del año 1965 se inició cuando un grupo de oficiales jóvenes del ejército y de la policía se propusieron restaurar el gobierno constitucional del presidente Juan Bosch, derrocado por las Fuerzas Armadas dominicanas en septiembre de 1963.
Bosch había asumido la más alta magistratura de su país el 27 de febrero de 1963 y con el apoyo del Partido Comunista abrazó un ambicioso programa de reformas. En el marco de la guerra fría y con la reciente experiencia de los misiles rusos que apuntaban desde Cuba el territorio norteamericano, la Iglesia y la Embajada de Estados Unidos encabezaron una dura campaña de oposición al Gobierno de Bosch, logrando la intervención de la OEA para impedir otro gobierno comunista en el hemisferio occidental. La Fuerza Interamericana de Paz se retiró el 21 de septiembre del año 1966, después del ascenso de Joaquín Balaguer como presidente de la República el 1 de julio de 1966.
–... Y la controversia sobre la posesión del Salto ¿cómo quedó?
–Como la vía diplomática fue infructuosa (Protocolo de 1930) y desautorizado el acuerdo anterior entre gobiernos (Acuerdo Goulart-Stroessner en “Tres Marías”), el nuevo régimen brasileño ensayó la vía militar para asegurarse la posesión del Salto de Guairá. Un curso de acción que le posibilitaba el aprovechamiento unilateral de las cataratas sin la molesta participación paraguaya. Un absurdo que violentaba el derecho internacional.
La discusión por la propiedad del Salto se basaba en la interpretación que definía la parte más elevada de la cordillera del Mbaracayú en su intercepción con el río Alto Paraná como trazado limítrofe entre ambos países. En la comprobación hecha entre los años 1962 y 1963 por la Comisión Mixta, “que las altas cumbres del Mbaracayú mencionadas en el Tratado de 1872 no son las del Sur como erróneamente se creyó en 1874, sino las del Norte, por donde en consecuencia debe trazarse la frontera”, subrayaba el doctor Efraím Cardozo. Los trabajos técnicos demarcatorios del mayor de ingenieros Emilio Meza Guerrero demostraron plenamente que el Salto estaba bajo soberanía paraguaya. Sin embargo, para la tesis brasileña el trazado fronterizo que seguía la línea del Sur era la parte más elevada de la cordillera. De esa falacia se valió el vecino país para invadir Paraguay, en junio de 1965.
–¿Qué puede decirnos del Acta Final de Foz de Yguazú, a la que muchos consideran como el pacto de la paz?
–Los reclamos diplomáticos para expulsar a los ocupantes fueron infructuosos. El general Adolfo Samaniego, por entonces oficial superior de guarnición en la zona, constató que eran cuatro los batallones invasores. Ellos formaban parte de dos divisiones del cuerpo de ejército comandado por el general Carmo, con cuartel general en Curitiba. La delegación paraguaya que verificó en el terreno el atropello fue apresada por la tropa ocupante. Para justificar la intervención, el presidente del Brasil, mariscal Humberto Castello Branco, ensayó que la ocupación era necesaria para prevenir guerrillas y contrabandos en esa región.
No obstante, la breve visita a Paraguay, en mayo de 1966 del secretario de Estado de Estados Unidos, Dean Rusk, habría logrado el 22 de junio de 1966 la suscripción por los cancilleres Raúl Sapena Pastor y Juracy Magalhaes del Acta Final de Foz de Yguazú.
Rusk, canciller del Gobierno de Kennedy y después con Johnson, muy respetado y de gran experiencia en el servicio exterior, tenía una innegable influencia en el hemisferio occidental. Fue el segundo secretario de Estado que ejerció durante más tiempo el cargo.
En el Acta Final de Foz de Yguazú, un subterfugio coyuntural, se acordó estudiar las posibilidades económicas de los recursos hidráulicos del Salto del Guairá –consensuado desde entonces por los gobiernos, aunque sin aprobación parlamentaria, como un condominio– para la construcción conjunta de una usina hidroeléctrica entre el Salto y la boca del río Yguazú. La producción eléctrica sería dividida en partes iguales entre los dos países. Por el excedente energético, se acordaba un justo precio. Brasil, una vez más, se salía con la suya blanqueando el atropello a la soberanía nacional. Recién en 1982, por efectos del embalse de las aguas represadas de Itaipú, se concretó la desocupación brasileña.
Concomitantemente, con la aprobación del Acta Final, Itamaraty lograba instalar el plan energético para el aprovechamiento del río Paraná sin el obstáculo que le significaba la soberanía paraguaya sobre el Salto de Guairá.
Como dueño condómino, para su provecho, hundió el Salto en las profundidades del Paraná, inundó la selva Atlántica y desarraigó sin contratiempo decenas de pueblos guaraníes. Para colmo, el Acta Final de Foz de Yguazú fue difundida recién en 1973, luego de la firma del Tratado de Itaipú. Excepto el condominio del Salto de Guairá y un prólogo de circunstancias, ninguna de las cláusulas aprobadas en el Acta de 1966 fue considerada en el Tratado de Itaipú. Una enorme mentira más, al que apelaba Brasil para aprovechar casi en su totalidad (93%) la producción de Itaipú.
–El Tratado, entonces, era como el coronamiento en una partida de ajedrez a favor del Brasil ... 
–En una conferencia de prensa –un mes después de la firma del Tratado– que se desarrolló en el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas el jueves 24 de mayo de 1973, a las 18.00, el canciller Sapena Pastor seguía sin admitir el embauco: “hay paridad en el reparto de energía, hay paridad en las utilidades, hay paridad en todo. Hemos conseguido paridad absoluta. En 50 años Paraguay tendrá gratuitamente un emprendimiento sin haber puesto absolutamente nada”.
Igual ingenuidad comprobamos en las declaraciones de Fernando Lugo y Luiz Inácio Lula da Silva el 25 de julio de 2009. Brasil no concedió al país ninguno de los seis puntos reclamados en la mesa de negociaciones.
No me cabe ninguna duda de que Brasil, con negociadores paraguayos que se conforman con migajas, seguirá en lo mismo durante la revisión en el 2023 del Anexo C del Tratado de Itaipú.
Goulart
El gobierno de João Goulart comunicó al Paraguay en 1963 que “ni una sola estaca se pondría en estas obras sin acuerdo pleno con Paraguay”
Comisión
En la hacienda “Tres Marías”, Mato Grosso del Sur, en 1964 los gobiernos “acordaron suscribir un convenio para crear una Comisión Mixta ...”.
Seguirá
... Brasil, con negociadores paraguayos que se conforman con migajas, seguirá en lo mismo durante la revisión en el 2023 del Anexo C ...
Ramón Casco Carreras

domingo, 28 de abril de 2019

Historia de una entrega anunciada

28 DE ABRIL DE 2019

| RESEÑAS HISTÓRICAS DE ITAIPÚ, 46 AÑOS DESPUÉS DEL ACTO DE FIRMA

El equilibrio en el Tratado es solo aparente

La historia oficial
Para la historia no documentada, Itaipú fue un gran logro del régimen autoritario que gobernó la República del Paraguay entre 1954 y 1989.
Según sus panegiristas para la participación del proyecto hidroeléctrico solo se requería de Paraguay aporte el agua del limítrofe río Alto Paraná. Los Estados Unidos de Brasil correrían con lo demás y la República del Paraguay podría compartir equitativamente el aprovechamiento.
Sin embargo, la realidad era diferente, los lisonjeros estaban lejos de la verdad.
Todo comenzó con la cesión a Brasil de las cataratas del Salto del Guairá. El documento conocido como Acta Final de Foz de Yguazú fue suscrito el 22 de junio de 1966 por el ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, doctor Raúl Sapena Pastor, y su similar brasileño, general Juracy Magalhaes. Atendiendo directivas del presidente general Alfredo Stroessner, el canciller Sapena había firmado el Acta que certificaba la entrega del Salto de Guairá a Brasil.
Para disimular la usurpación de la soberanía territorial de Paraguay la diplomacia brasileña echó manos a una fórmula jurídica: la posesión de los dos países, en condominio, del Salto del Guairá. Al reconocer el condominio jurídico, el Paraguay revocada su histórica posesión sobre esta maravilla de la naturaleza.
Paralelamente el Acta Final de 1966, escondía hábilmente la nueva invasión militar brasileña que anexó a su patrimonio, en junio de 1965, el Salto de Guairá. De este modo, Itamaraty blanqueaba internacionalmente el inaudito atropello a la soberanía paraguaya. La cuestión limítrofe fue “hasta las calendas griegas”. Conforme a la séptima conclusión del Acta, “…convinieron los dos cancilleres en que dichos trabajos serán proseguidos en la fecha que ambos Gobiernos lo estimen conveniente”.
Posteriormente, como la crónica de una anunciada trama, el Estado paraguayo o la Otra Alta Parte Contratante, con la aprobación de la mayoría oficialista del Congreso legitimaba la entrega del Salto del Guairá por otro convenio: el Tratado de Itaipú del 26 de abril de 1973.
Con estos hechos, el régimen gobernante allanaba el camino para el hundimiento de las cataratas del Salto en el lecho del río Paraná, la inundación de la floresta Atlántica con su fauna y la desaparición de su hábitat de decenas de comunidades guaraníes sentenciadas al destierro. Para la construcción de Itaipú, bajo la supervisión de Brasil, quedaba formalizado el ecocidio en Paraguay.
La depredación ambiental y social practicadas en los bosques lluviosos del mundo, Guayana y Amazonas en Venezuela; Guainía, Vaupés y Amazonas en Colombia; Amazonas en Brasil y Alto Paraná en Paraguay, fueron sin lugar a dudas irracionales.
Como resultado de estas alteraciones ambientales, la represa de Itaipú impide a Paraguay la navegación del río Alto Paraná en todo su curso. Un hecho que viola su política exterior que desde 1813 pugna por la libre navegación de los ríos internacionales.
No obstante, no cesaban los discursos laudatorios. Según ellos, el país vecino disponía de otras opciones para emplazar en su territorio el aprovechamiento hidroeléctrico. Para satisfacción de los zalameros, que no se cansaban en aplaudir la victoria diplomática de la cancillería paraguaya, el hecho de “compartir” con Brasil el magno emprendimiento que simbolizaba un logro gubernamental sin precedentes.
Para los sucesivos ministros de Relaciones Exteriores, el tema Salto del Guairá y su corolario Itaipú eran asuntos concluidos satisfactoriamente, aunque sus efectos hayan sido desastrosos para el país. El costo de Itaipú, que no solo incluye el pago por la mitad de la obra sino también la mutilación del país, es a todas luces exorbitante.
Su contraparte Itamaraty desde antaño tenía concebido un plan de explotación hidroeléctrica del río Paraná, todo ello a costillas de Paraguay.
Cabe señalar que dicha explotación llegó a suministrar a Brasil el 30% de su electricidad. Las cancillerías nacionales se desentendían del empobrecimiento ocasionado al país por este grave desfasaje que hacía prosperar al ocasional socio. Es de público conocimiento que la mayoría de los jefes de cancillerías, con discursos salvíficos escondían las voces críticas de las asimetrías en Itaipú.
En apariencias el Tratado de Itaipú es equitativo para ambos socios. Sin embargo, no deja de ser un enorme fraude que se mofa de la buena fe de los paraguayos al consagrar, en el artículo XIII del Tratado, el derecho de adquisición del excedente energético favoreciendo a Brasil.
Al respecto, mi experiencia como profesor invitado en el Instituto de Altos Estudios Estratégicos (IAEE) fue frustrante. Los más destacados juristas, profesionales del sector energético, empresarios y algunos políticos también invitados a debatir sobre la cuestión Itaipú, hacían la vista gorda para apañar las evidentes asimetrías favorables al vecino país.
Usualmente excusaban la diferencia de magnitudes entre Brasil y Paraguay como una valla para impedir la cogestión paritaria. Confundían el imperio de la fuerza con el Derecho Internacional.
Al respecto, Paraguay no necesita arbitrar fuerza alguna para conseguir el aprovechamiento equitativo instituido en el Tratado de Itaipú de 1973. Le corresponde por derecho propio su obtención en el 2023, una vez saldada la deuda que pusiera en marcha el emprendimiento binacional, luego de medio siglo de vigencia del Tratado de Itaipú (Anexo C, revisión).
Existen precedentes internacionales. El convenio de 1977 entre el general Omar Torrijos de Panamá y James Carter de los Estados Unidos es uno de ellos. El pacto Torrijos-Carter hizo viable la entrega del canal de Panamá en 1999, después de casi un siglo de tutela americana.
Entre tanto, aquellos próximos a Itaipú (presidentes, cancilleres, funcionarios del Consejo de Administración y del Directorio Ejecutivo) siguen ponderando los efectos benéficos para el pueblo paraguayo de la empresa hidroeléctrica.
En la época anterior toda disidencia con esta línea de pensamiento atentaba contra el progreso y a la paz de la república; si las críticas provenían del exterior, no eran más que exaltadas voces de legionarios vendepatrias.
Las voces contestatarias, entre ellas, La Tribuna, ABC Color, El Radical, los partidos de la oposición, estudiantes y profesores no comprometidos con el oficialismo y la prensa expatriada, lograron formar una masa crítica ante la necesidad de instalar una causa nacional que aglutinara a los paraguayos en la defensa de una mayor equidad en Itaipú. En especial respecto a la cogestión paritaria, el precio justo y la libre disponibilidad del excedente.
Lamentablemente, no tuvieron la fuerza necesaria para imponer sus justos reclamos.
Recién desde el 29 de setiembre de 2008, exigiendo –sí, exigiendo en derecho, aunque ello resulte discordante a los oídos de los comensales de Itaipú– el fin de las de asimetrías en Itaipú, el presidente Fernando Lugo logró instalar, después de treinta y cinco años, un debate oficial con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, aunque infructuosamente.
No obstante, las cuestiones debatidas pusieron de relieve ante el pueblo paraguayo las notables desigualdades imperantes en Itaipú.
b. La historia real
Brasil no financió la obra, fue Itaipú la que se endeudó para la construcción y puesta en funcionamiento de la central hidroeléctrica, que incluyó la infraestructura necesaria para transportar el producto de la central hidroeléctrica a la margen brasileña.
La participación paraguaya en la sociedad binacional –a costa del hundimiento de su irrepetible ecosistema en el fondo del río Paraná– no fue consecuencia de un gesto altruista brasileño, sino la imperiosa necesidad de implicar los recursos naturales de Paraguay como solución fáctica a la sostenida demanda energética de Brasil. Todo a cambio de migajas, como una compensación –no precio justo– instituida en el Costo del Servicio de Electricidad de la binacional hidroeléctrica. Una equidad fraudulenta en el reparto del aprovechamiento.
Los últimos estudios demuestran que los ingresos no percibidos por la energía obligada a ceder al Brasil, entre 1985-2018, suman la friolera de US$ 75.400 millones de dólares (Miguel Carter, DEMOS).
No es raro que los gobiernos dibujen su propia historia para justificar sus actuaciones. Solo la investigación documentada pudo desvelar la historia real.
Cabe como ejemplo la guerra del Chaco; para el pueblo poco informado la guerra del Chaco fue ganada a machetazos. Nada más lejos de la realidad. Los que la han estudiado detenidamente tienen la certeza de que sin la adquisición de un apropiado parque de guerra –lo más avanzado de la época, aunque insuficientes y no pocas veces completadas con armas enemigas– y sin una preparación adecuada de los comandantes en reconocidas escuelas militares, la victoria se presentaba difusa. Hay más, sin una reserva organizada en condiciones de movilizarse desde la zona del interior hasta el teatro de operaciones en unidades completas, en tiempo oportuno, la recuperación del Chaco por el Ejército Nacional hubiera sido infructuosa.
De igual modo, bien intencionados ciudadanos siguen sosteniendo que Itaipú fue provechoso para el Paraguay gracias a la generosidad del socio condómino. No acaban de entender que la apropiación indebida de la hidroeléctrica, legitimada en el Tratado de 1973, es fruto premeditado de un plan para abastecer de electricidad, a costillas de otra desmembración paraguaya, la demanda brasileña. ¿Cuánto cuestan el Salto del Guairá, la selva Atlántica y el desarraigo de la población guaraní? Al respecto publicaba ABC Color, el 27 de enero de 2018:
“La pérdida del Bosque Atlántico y el desarraigo de los pueblos guaraníes –entre cuyos factores debe incluirse el proyecto hidroeléctrico Itaipú–, una situación de exterminio en ambas riberas del río Paraná, con énfasis en la realidad nacional, es el tema de la conferencia que dictará esta mañana, a partir de las 10:00, el padre Bartomeu Melià (SJ), en la Escuelita Patriótica en la jornada de apertura de su ciclo correspondiente al presente año. El antropólogo y lingüista español-paraguayo expondrá sobre la pérdida y el desarraigo, que según explicaron los responsables de la Escuelita, ‘fueron un resultado objetivo de políticas públicas inhumanas, hoy también denominadas ecocidas, que hicieron desparecer una maravilla sin igual de la naturaleza, como los Saltos del Guairá, de soberanía nacional paraguaya indiscutible de hecho y de derecho, y que por ello, con intención de ocultamiento de nuestro histórico dominio, fueron sumergidos por Itaipú en el inmenso espejo de agua creado debido a la monumental presa construida para la generación de energía hidroeléctrica’ ”.
Siguiendo con la historia real que testimoniaba la intermediación del Gobierno de Lyndon B. Johnson solicitado por gobierno paraguayo, el canciller americano Dean Rusk –quien visitaba Paraguay por unas horas, en mayo de 1965– logró instaurar una mesa de negociaciones en demanda del retiro de las tropas brasileñas que ocupaban el Salto de Guairá.
En efecto, en Puerto Presidente Stroessner y Foz de Yguazú, el 21 y 22 de abril de 1966, se reunieron los cancilleres Raúl Sapena y Juracy Magalhaes.
En las conclusiones del Acta Final de Foz de Yguazú, como resultado de la reunión, no hubo referencias del retiro de las tropas invasoras. Sin embargo, quedaba concretado, en el punto tercero del documento, el condominio del Salto. El acuerdo tenía como objetivo un plan de explotación del río Paraná, que de fachada incluía a Paraguay. Es más, la producción sería dividida en partes iguales entre los dos países y se establecía un precio justo por el excedente no utilizado por Paraguay.
Aplanado el obstáculo de la propiedad paraguaya del Salto, los brasileños lograban su plan de explotación hidroeléctrica del río Paraná.
En otra nota, de la misma fecha que el acta, se resolvía trasladar las tropas ocupantes aunque Brasil seguía presente con una población, una prefectura con bandera brasileña, puerto propio y aduana con cobro de impuestos, aeropista, escuela, etc., al sur del Mbaracayú.
La cancillería paraguaya, en un notable cambio de aptitud, había declinado la nota del 14 de diciembre de 1965 que sostenía “…al sur de la cumbre del Mbaracayú, es territorio paraguayo” para posteriormente declarar, por nota del 21 de agosto de 1972, que “no existe una divisoria natural entre el territorio de Paraguay y el de Brasil en la región de los Saltos del Guairá”. El régimen gobernante abdicaba un derecho soberano.
Recién en 1982, las aguas de la represa Itaipú concretaron el retiro efectivo de territorio paraguayo de los ocupantes brasileños.
El Acta Final de Foz de Yguazú de 1966, un simulacro aprovechado diestramente por Brasil, se dio a conocer por la prensa el 21 de junio de 1973, luego de la firma del Tratado de Itaipú (Enríquez, Efraín. 2ª Ed. 2007. Aguas que valen oro, pág. 29).
En el Tratado de Itaipú, rubricado por los cancilleres Raúl Sapena Pastor y Mario Gibson Barboza el 26 de abril de 1973, no se tuvo en cuenta el Acta Final de Foz de Yguazú, excepto el condominio del Salto. Los documentos demuestran que durante el debate en el Senado para la ratificación del Tratado, entre el 29 de mayo y el 5 de junio de 1973, no se conocía oficialmente el Acta Final de 1966.
Se repetía la historia del 19 de marzo de 1964, ocasión en que los presidentes Stroessner y Goulart decidían sobre “la construcción y explotación de la gran obra que harán conjuntamente los dos Estados, y que será la de mayor importancia entre todas las de su género hasta hoy emprendidas en todo el mundo”.
Con decorosas disidencias, fue aprobado el Tratado de Itaipú por la mayoría oficialista del Poder Legislativo (Ley Nº 389 del 17 de julio de 1973).
Finalmente, a lo largo de 170 kilómetros Itaipú formó un espejo de agua de 1350 kilómetros cuadrados, que anegó 580 kilómetros cuadrado de territorio nacional inundando la selva Atlántica y las cataratas del Salto de Guairá. Una pequeña porción no sumergida quedó convertida en “Reserva y refugio biológico Mbaracayú” de 1.356 hectáreas que, según publicaciones de ABC Color del 9 de setiembre de 2017, “no ha sido demarcada debido a la diferencia de criterios en los análisis realizados en la Comisión Mixta de Límites Paraguayo-Brasileña”. También se leía: “De hecho, entre nuestro país y Brasil existe una discusión respecto a cuál de las dos naciones es dueña de tan importante reserva ecológica, importante pulmón verde en momentos en que se sienten a nivel mundial las consecuencias de la deforestación y que también afectan de modo alarmante a nuestra región”.
Nuestras autoridades no acaban de entender que el país ha sufrido, en tiempos de paz, una desmembración más de su territorio, al que hay que añadir la interdicción del río Paraná, para sufragar el desarrollo de Brasil.
El costo pagado por Paraguay por la puesta en marcha de Itaipú ha sido descomunal y el retorno desproporcionado, asimétrico. Es hora de requerir, conforme a derecho, la recuperación de la dignificante igualdad.
Agua
Según sus panegiristas para la participación en el proyecto hidroeléctrico solo se requería de Paraguay que aporte el agua del limítrofe río Alto Paraná.
Disimulo
Para disimular la usurpación de nuestra soberanía territorial, la diplomacia usó una fórmula: la posesión de los dos países, en condominio, del Salto...
Juanantoniopozzo@gmail.com